Del Cielo a tu Corazón

11 Junio 2009
By Gabriel

Del cielo a tu corazón
no puede haber una legua.
Si gritas “¡Ah, yegua, yegua!”,
San Pedro, que es tu patrón,
ha de salir al portón,
corriendo todas las trancas
para que tú y tus potrancas
entren allí sin golpear
y en alegre galopar
le trillen sus eras blancas.

Tú que cultivas el trigo
en las haciendas chilenas,
tú el de las manos morenas,
de los pájaros amigo,
tienes a Dios por testigo
y en el Santo Tribunal
de la Corte Celestial
puedes decir con orgullo:
“La Hostia, que es cuerpo Tuyo,
fue una espiga en mi trigal”.

Y tú que los potros domas
con tu rebenque y tu espuela,
tú que en tanto el pingo vuela
por caminos y por lomas,
entre los labios asoma
una tonada vibrante
si prosigues tan campante
con ese alazán macizo,
las puertas del Paraíso
te has de llevar por delante.

Tú que en el pértigo vas
como en su trono los reyes,
tú que tienes de los bueyes
la mansedumbre y la paz,
cuando mueras llegarás
por un camino sin huellas
al sitio en que las estrellas
son como espigas de luces
¡y la carretera en que cruces
irá cargada con ellas!
!Eh, tú que a la luna blanca
podrías echar el lazo,
cuidado con el porrazo
si ese novillo se arranca!
Llevas  el viento en el anca
y es tanta tu gallardía
que si encontraras un día
al Diablo en estos picachos
¡a la cincha, por los cachos,
tu lazo lo amarraría!

Hombres de ingenua canción,
varones de valle y sierra
que tenéis como la tierra
generoso el corazón,
en la celestial mansión
hay montes de azul color
y potreros de verdor
y bueyes de lomo blando
para seguir trabajando
las haciendas del Señor.

Oscar Castro

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