Del cielo a tu corazón no puede haber una legua. Si gritas “¡Ah, yegua, yegua!”, San Pedro, que es tu patrón, ha de salir al portón, corriendo todas las trancas para que tú y tus potrancas entren allí sin golpear y en alegre galopar le trillen sus eras blancas. Tú que cultivas el trigo...
